Mi presente

Después de mucho tiempo sin escribir por aquí (solo en mi cuaderno), regreso. A dejar fluir las palabras y emociones, a no editarme ni contenerme. 

 

Mientras viajaba en el bus me repetía “no seas tan dura contigo mismo, déjalo ir.” Estaba molesta porque decidí irme en bus, en parte por recordar mis días mochileando y en parte por ahorrar…al final no ahorre mas de 15$ y me demore el doble -ah, y tenia hambre. Lentamente ese malestar conmigo misma fue reduciendo y entre siesta y siesta miraba por la ventaba y sentía como si estuviese camino a casa.

 

Es mi tercera vez en Vagabond Temple. Cuando me fui hace casi dos años de Panamá no tenia mucho planeado, solo que estaría 2 semanas haciendo yoga y meditación en la costa de Camboya. Esas dos semanas comenzaron un viaje inolvidable y me abrieron las puertas a mi misma. Estuve aquí hace un año después de sentir que me rompieron el corazón y fue el mejor lugar posible (de este lado del mundo) para dejar ir, sanar, escucharme y centrarme. Hoy estoy nuevamente aquí después de unos meses de mucho trabajo y estrés. Entre volver a casa, trabajar dos proyectos, viajar, estar aplicando a trabajos para el verano, me perdí.

 

Perdí la conexión conmigo. Opté por dejar mi practica y ese tiempo para mi en segundo plano, y muchas veces poder complacer a quienes me rodeaban. No use mi tiempo libre de la mejor manera, no me puse a mi de prioridad. Uno de mis temore de volver a casa era justamente caer en esa sensación de caos. Y sucedió. Tener que revisar Waze para saber a que hora debía salir de casa, pasar tiempo en un carro pensando que iba tarde, correr de un lugar a otro para poder verme con quien debía, trabajar en algo que consumía mucha energía física y mental fue desgastante. Estar aquí es un regalo a mi misma. Es un recargar de baterías. Es volver a conectarme conmigo misma.

 

Hace meses siento que me he desconectado. A veces manejando el carro, o simplemente leyendo un libro, me nace un conocimiento profundo e interno…siento certeza de que este plano en el que estamos no es real o no lo es todo. Sé, plenamente, que es tan solo una dimensión y que hay mucho más que no vemos. Y en ese instante me doy cuenta que la muerte no sino una puerta a esa realidad. Es un pensamiento que me asusta, pues no creo que sea “normal” y trato de aferrarme a esta realidad, a algo que se sienta profundamente real también en este plano. Es una sensación muy nueva y lo que mas me sorprende es la certeza con la que la siento dentro de mi. No es un pensamiento o una creencia, es una verdad.

 

Hay otras dos cosas que siento que me han afectado estos meses. Primero, ¡la falta de mar! Sé que sonará tonto y viví mucho tiempo sin estar bajo el agua y no me paso nada…pero poder estar bajo el agua nuevamente hace unas semanas me abrió los ojos a lo que tanto extrañaba. Poder perderme en ese mundo, ver tanta vida y sentirme tan agradecida por ella, por la mía. En el mar mis problemas se minimizan, mi mente se pierde en el momento, en mi respiración, en enfrentar miedos, en el silencio bulloso del océano. Esta semana en Vagabond es también una preparación para volver a Bali. Tengo miedo de enfrentar lo que dejé, de volver a sentirme como me sentí, en gran parte estos días acá son como volver a pararme en mis cimientos, a plantar mis raíces y fortalecerme, pero sobre todo perdonarme y volver a quererme. También aprovecho para comenzar mis ejercicios de respiración (aunque ya asuste a una profesora de yoga haciéndolos) para llegar lo mas preparada posible.

 

El otro factor que siento puede estar afectándome es haber dejado de tomar pastillas anticonceptivas. Las llevo tomando un poco mas de 10 años. Son diez años de hormonas que he tenido en mi cuerpo ayudándome primordialmente con mi problema de acné. En mi adolescencia desarrollé acné y hace unos años que decidí parar de tomarlas unos meses el problema volvió. Investigué y me di cuenta qué mi acné es totalmente hormonal. Es decir, sin mis pastillas, seguro volvería. Y así ha sido. Muchos dirán “no se te nota,” o “no es nada,” pero lo es – por lo menos para mí. Y aprender a quererme y sentirme bonita es todo un proceso. Sobre todo porque se lo “fácil” que es resolver el problema como lo hice anteriormente. Ahora tengo que aprender a quererme por fuera y por dentro, enterita, ¡todita! Por otra parte, sé el poder que tienen las hormonas sobre -no solo nuestro cuerpo- sino nuestra mente. Creo que parte de estas nuevas sensaciones, emociones y pensamiento que estoy teniendo son también consecuencia de estar sin tomarlas. No puedo hacer sino preguntarme, ¿el no tomar las hormonas causa que piense esto? ¿O simplemente enmascaraban estas emociones en mi?