Mt. Agung

El volcán Agung, en Bali, está en erupción. Comenzó en septiembre con temblores y mucho movimiento, causando que el nivel de alerta se elevara a 4. En esos días viajaba yo a Bali por lo que decidí no arriesgarme y viajar a Filipinas en vez. Moví mi tiquete para el 27 de noviembre. Pasaron las semanas y el volcán se calmó un poco, excepto un par de días antes de viajar cuando volvió a aumentar su actividad – esta vez con explosiones de ceniza. Tanto que muchos vuelos fueron cancelados.

Yo viaje de Samporna hacia Kota Kinabalu en un bus que salió a las 7:30 am y llegó a KK a las 5 a.m. (esta vez no estaba helado y pude dormir algo, aunque bastante incomoda). Pedí una cama en el hostal donde me había quedado previamente para poder descansar y bañarme antes de salir esa misma noche hacia Kuala Lumpur. Hice una siesta de un par de horas, logré secar un poco más mi wetsuit, me bañe y salí a las 6 al aeropuerto para mi vuelo de las 8:30. El avión se retrasó hasta las 10 por lo que aterrice a Kuala Lumpur a la 1 de la mañana. Mi vuelo hacia Bali era el día siguiente a las 4:30 p.m. por lo que no valía la pena ir a la ciudad adonde dormir. En cambio, encontré posada en un Starbucks dónde me desvelé hasta las 5 a.m. viendo actualizaciones cada media hora sobre el volcán. En todo ese tiempo (desde KK) en tres ocasiones me comunique con personal de la aerolínea para preguntar sobre el estado de mi vuelo ya que mi visa de Malasia se vencía ese día y como fuese necesitaba salir del país.

 

A las 4 y pico el personal online me dijo que mi vuelo estaba programado, pero yo veía en las pantallas que ya había tres vuelos cancelados con mi destino y en las noticias que el aeropuerto estaría cerrando. A las 5:30 me fui a hablar con el personal en persona y si, me dijo que lo mas probable no viajaría ese día. Acto seguido fui a buscar a alguien de migración que me indicara cual sería mi mejor opción ya que extender el periodo de tiempo que dice la visa es muy grave en Malasia (a diferencia de otros países que solo pagas una multa x día.) Tenía dos opciones, ir a la oficina central de migración y solicitar una extensión o salir del país.

 

Cargando aproximadamente 28 kilos y sin haber dormido bien en dos noches no era la mejor manera de ir a una oficina de migración de un país como Malasia. Siendo también de un país “en desarrollo”, y habiendo ido muchas veces a migración de pequeña, se lo lento y frustrante que puede ser esa experiencia y mi mente ni mi cuerpo daban para eso. Por lo tanto, revise los horarios de buses hacia Singapur y encontré uno que salía desde el mismo aeropuerto. Me fui en pique a buscar los buses pero ya era muy tarde cuando llegue así que en vez agarre un bus hacia la terminal principal y de ahí saldría a Singapur. 

Tenía mi dinero contado exactito ya que no quería tener que sacar más plata del cajero porque cobran muchísimo cada vez que lo hago. Sin embargo, el tiquete de bus solo se podía pagar en efectivo (u online pero tendría que esperar al bus que salía 45 min después y no en 10 min) así que me toco sacar plata y correr para comprarlo.

A todo esto, no había desayunado y tenia ganas de hacer pipí desde que fui al counter de la aerolínea. Corrí y alcance a ir al baño antes de montarme al bus..sin embargo aprendí que mi vejiga simplemente no esta diseñada para montar en bus. Al par de horas estaba despierta y no podía aguantar más, por suerte a la media hora de haberme despertado y estar de pierna cruzada paramos en un comedero. Al terminar me volví a montar al bus y –no les miento- a la media hora estaba otra vez con ganas de hacer pipí! Esta vez si me toco aguantarme mucho más.

Al llegar a la frontera hay que hacer lo siguiente: bajarse del bus (puedes dejar maletas en el bus) y cruzar la frontera para salir de Malasia, montarse en el mismo bus, después bajarse con todas las maletas para cruzar a Singapur y volverse a montar al bus. En la salida de Malasia tuve problemas ya que la señora me hizo muchas preguntas y no entendía porque llevaba tanto tiempo o entradas a Malasia cosa que me puso bastante nerviosa. Por suerte me hice amiga de unos españoles que viajaban y por lo menos ellos no dejarían que el bus se fuese sin mi. En la frontera de Singapur hay que ser rápido pues ya me ha pasado (y he escuchado que a muchos también) que uno sale de migración y ya no hay bus para continuar el camino – y si no tienes dólares de Singapur estas bastante jodido pues el bus local solo acepta moneda local. Esta vez estuvo rápida migración así que logramos estar a tiempo en el bus.

Al llegar al destino me puse mi cargamento encima (no sin antes correr al baño más cercano en un centro comercial chino porque no había podido ir al baño hasta ahora – calculen que fue más de una hora aguantando – y sé que es malo pero temía quedarme en la frontera!). Y procedí a caminar un km hasta mi hostal. Ya en este punto estaba rendida y una cama cómoda con un poco de aire (así fuese en espacio compartido) después de una ducha caliente (y una ducha CON PUERTA!) era como llegar al cielo.

Me quedé en Singapur tres noches, salí a almorzar con un amigo, a comer sola, a caminar un poquito y trabajar bastante en la computadora. El volcán estaba cambiando todos mis planes. La idea era irme a Bali, verme con amigos que tenía muchísimas ganas de ver, hacer yoga, pasar navidad y luego irme a Camboya. Sin embargo, ahora todo cambiaria. El aeropuerto estuvo cerrado tres días mas y aun el volcán no ha explotado por lo que irme a Bali no suena como buena idea porque puede pasar en cualquier minuto y no quiero quedarme atrapada en la isla. El cansancio y tener que estar con la vida en la mochila me llegó. Me sentí cansada, frustrada, sin hogar y no es que quiera estar en Panamá en mi cama y casa (aunque lo pensé más de una vez) simplemente me hace falta mi espacio propio, así sea un par de semanas, pero llamarlo “Mío”.

Haciendo un poco de introspección, en medio de un momento de llanto y desespero, me di cuenta que lo que estoy viviendo es una lección que debo tomar. Soy una persona que le gusta tener planes; me gusta organizar, hacer presupuesto, planificar, y ejecutar y cuando las cosas no salen como las tengo planeadas me cuesta muchísimo aceptarlo. Este momento que estoy viviendo es el vívido ejemplo y no podría ser más real pues me ha dejado un poco a la deriva –fisicamente- en un momento en que lo que más quiero es seguridad. Decidí aceptarlo y aprender del momento pero no ha sido fácil…cargar nuevamente mis 28kilos hacia Malasia, estar de hotelito en hotelito (sin ventanas) sin desempacar en casi una semana (eso si, lavo mi ropa interior diariamente y tengo 2 mudas de ropa) cansa mucho y hace añorar un poco la estabilidad.

Hoy he llegado a la casa de una amiga que vive en JB (la ciudad frontera de Malasia y Singapur), estaré aquí una noche y saldré mañana en un bus nocturno hacia Kuala Lumpur para poder aplicar a mi visa de Tailandia para después regresar. Puedo desempacar, sentirme en una casa! Se siente muy rico la verdad pues viajar te enseña a apreciar las cosas más sencillas – como tener una puerta en el baño por ejemplo, o lo importante que es una cocina! Y bueno, no es un paraíso tropical vacacionero pero es justamente lo que mi cuerpo y alma necesitan. Aquí estaré unas semanas antes de continuar al próximo destino para navidad y luego, por fin, a Camboya.

Un diciembre incierto.

 

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