Querido Cris, parte I

Un año más sin tenerte con nosotros. Un año más que te pienso a diario, hay días en que cuestiono tu partida pero cada año son más lo de aceptación. Te fuiste, no hay nada que pueda hacer al respecto y es difícil aceptarlo pero cada año se hace un poco más fácil. Sé que nunca te dejaré de extrañar, que es imposible borrar de mi mente los recuerdos de ese día pero trato de enfocarme en recordar los buenos momentos.
Este año no quiero escribirte recordando cómo fue ese fatídico día. Este año, quiero escribir a contarte que me ha pasado, que lecciones he aprendido y compartirte un poco de ese conocimiento que he adquirido (confieso, no es mucho) asi como lo haría si estuvieses presente físicamente conmigo pues esa es mi labor de hermana mayor no? Enseñarte y guiarte un poco por la vida (aunque la verdad tu eres el que ha guiado mi camino y me has enseñado las lecciones más importantes de mi vida)…haré el intento.

Hace un año estaba en una fiesta, bebiendo más de lo que debía para tratar de adormecer un poco el tormento de no tenerte a mi lado. Estaba rodeada de amistades, algunas que creí ser más fuertes de lo que verdaderamente eran pero eso lo aprendería más adelante. En este último año he sido maestra, estudiante, he querido, he bebido, he confiado, he llorado, he viajado, me he arrepentido, me he sentido intranquila respecto a mi camino en la vida y me he tranquilizado (está bien, de a momentos) y sobre todo me he conocido y aprendido de todo un poco.
De octubre a abril estuve muy enfocada en remar, sé que estuviste pendiente, más de una vez te llame y te pedí que me dieras fuerzas, que nos dieras alas para llegar a la meta rápido. En el Nossa remábamos 5 les dije a mis compañeras y sentí que nunca nos abandonaste. Confieso que la llegada el primer día del Ocean te pensé como loca, todo el camino, ese tramo se llamaba Cristóbal y como fuese quería ganarlo en tu nombre…nos montaste en un par de olas maravillosas y aunque nos movieron un poco no dejaste que nos volteáramos. Lloré al cruzar la meta. Lloré por no poder tenerte esperándome en la rampa para abrazarte al bajarme, aunque sé que estarías remando y no de espectador. No muchos entienden porque decidí comprometerme tan intensamente a la temporada, y creo que todavía no lo entienden. La verdad estar así de enfocada en algo me daba un sentido de dirección que no tenía hace mucho tiempo  y, aunque sí es un ejercicio físico extenuante  estar remando por largas horas, me hacía entrar en paz y todo el esfuerzo valía la pena por esos minutos que a veces parecían eternos en los que el cuerpo se ponía en autopilot y la mente quedaba completamente en blanco. Te hablaba, te contaba cosas, me retaba a mí misma y tenía un sinfín de conversaciones de todo tipo en mi mente. Sobra decir que también me ayudo a ganar confianza en mí misma, esas batallas mentales en algunas prácticas me fueron haciendo más fuerte. Además,  pude viajar a NY a competir en la carrera de outrigger por el Hudson.  Fue una experiencia…inolvidable. 

(to be continued)

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