Tahiti, parte 1 – La llegada

 

Conociendo el paraíso del remo con la mejor compañera

Hace casi un año, cuando comencé a pensar en mi viaje decidí buscar clubs o carreras de remo que hubiese en este lado del mundo como para no perder la práctica y aprender un poco más de Outrigger (canoa hawaiana o polinesia, lo más parecido a un cayuco fuera de Panamá). Buscando encontré que en Tahití se llevaría a cabo el mundial de remo VAA de larga distancia. Me interese y se lo comenté a Nimia, mi compañera de equipo y gran amiga. Le escribí a la organización y me comunique con el club local. Tenía claro que no llegaría a competir a un alto nivel después de estar viajando tanto tiempo pero vi que había una carrera fuera del mundial, la Te Aito, y esa si podría hacerla. Con el tiempo creció el interés por parte de más personas y eventualmente creamos el grupo de atletas que iría a Tahití al mundial y Te Aito. Confieso que al principio pensé, “Tahití queda cerca de donde voy a estar, no será muy difícil llegar.” Hasta que abrí un mapa y vi que Tahití…queda en la mitad de la nada. Para llegar me tomó 15h de vuelo y muchas más en aeropuertos, y mucho, mucho dinero. Sabiendo que no sería un viaje barato para nadie entre todo el equipo llevamos a cabo diferentes actividades para recaudar fondos, conseguimos apoyo de varios patrocinadores y bueno, rompimos las alcancías para llegar. Y valió la pena cada centavo, cada llamada, cada correo, todo.

Yo llevaba viajando seis-siete semanas antes de viajar a Tahití. Mi viaje a Malasia y a Singapur con María José fue para yo poder practicar un poco (2 veces :p) antes de irme a competir a Tahití. Y bueno, si no hubiese sido por eso no hubiese conocido Tioman y probablemente no estaría en esta isla escribiendo esto.  Diez días antes de viajar a Tahití me llegó la noticia que no había sido seleccionada para una beca a la que había aplicado y que cambiaría muchísimo mis planes para este año. Sobra decir que llegue a Tahití un poco con el corazón un poquito apachurrado pero optimista después de unas buenas charlas con mi prima.

Salí de Kuala Lumpur hacia Nueva Zelanda y de ahí viajaría a Tahití. Esperando el vuelo para Auckland me entró ansiedad como hacía mucho no me pasaba, estaba muy asustada de viajar, con el corazón a mil y no disfrutaba nada montarme a ese avión. Me senté, hice respiración y literal quede profunda antes de despegar. Al despertarme comí y vi películas, termino siendo un vuelo bastante tranquilo y los nervios desaparecieron. Hice mi conexión de un par de horas y seguí hacia Papeete en Air Tahití Nui. La verdad el momento en que pones pie en el avión sabes que vas a un lugar único…los asientos son verdes tropicales, con flores rosadas y rojas, el equipo del avión (azafat@s?) tienen camisas de flores tipo “de jubilado” como diría mi papá, de manga corta que muestra sus tatuajes tradicionales polinesios, mejor dicho…Tahití en el aire. Llegue a eso de las 10.30p.m. con la delegación de Australia, Nueva Zelanda y algunos remadores de Singapur que había conocido los días anteriores. Yo no viajaba sino con un morral pues por problemas de pasaporte (visa) no podía viajar con maletas que no fuesen carry on. Como era la única de Panamá que llegaba en ese vuelo tuve las de perder…me tocó esperar a que todos descifraran cuales eran sus maletas, y se montaran a su respectivo bus y salieran (imagínense más de 80 personas, con maletas y remos). La espera se hizo entretenida pues nos tenían un recibimiento tradicional con bailes y música pero igual, llegue a la casa a la 1.30 a.m. y la mañana siguiente teníamos que salir a entrenar en la mañana así que estaba rendida.

Cuando llegue a la casa ya estaban todos dormidos así que encontré mi camita e hice lo mismo. En la mañana me desperté a un deliciosos desayuno, abrazos y sonrisas conocidas.

Nike nos apoyo con ropa perfecta para entrenar y lucir hermosas durante el campeonato asi que fui muy feliz viendo las sorpresas que me llegaron desde Panamá, en particular una carta de mis papás que me alegro el corazón y poco de Enterogermina que alegro mi pansa.

A las 10 teníamos acceso a las canoas para practicar. Nimia y yo fuimos a remar en V1 y el agua era espectacular. Claramente el bote todavía se sentía como algo nuevo, pero la verdad lo más difícil era no distraerse mirando los peces del arrecife, la claridad del agua era alucinante. Después fuimos al comedor y a descansar a casa, tantas horas de vuelo y jet-lag me tenían molida y en apenas dos días era mi carrera.