Día 23, Kampot

Amanecí en mi cuevita a eso de las 9 de la mañana. Sin ventanas, por lo tanto sin luz, y trasnochada por quedarme escribiendo hasta la 1 a.m. esta mañana no logré mi yoga madrugado. Decidí aprovechar el día para adelantar en mi materia de la maestría que estoy haciendo en Dirección de Proyectos. Que suerte la mía, tengo una clase las próximas 5 semanas…en pleno viaje. Pero bueno, quiero poder lograrlo así que en vez de salir a conocer un poco mas decidí aprovechar y adelantar todo lo posible para esta semana. 

Estuve leyendo y tomando apuntes hasta que cayo un diluvio durante el cual conocí a una pareja de argentinos y la madre de ella que estaban viajando por la zona. Compartimos anécdotas y tips de viaje. Es divertido y me encanta como en el camino conoces a muchas personas que probablemente jamás vuelvas a ver o saber de ellas pero han compartido lugares y experiencias muy parecidas. A eso del medio día cuando bajo la lluvia lo suficiente para poder caminar hasta el cuarto me fui a bañar. No tenia ganas de nada mas que arruncharme en mi cuevita a leer mientras escuchaba la lluvia caer. Pero tocaba continuar el camino. 

Después de bañarme pedí un tuk tuk hacia la ciudad para poder coger el bus de las 3:30 hacia la capital. Como no tenia comprado el tiquete el conductor de tuktuk me llevo a la oficina de su hermano para que lo comprase ahí. Quedaba por donde había estado la noche anterior asi que me ubique bastante bien. Compre el tiquete y tenia unos 20 min de sobra así que entre a un pequeño rest/bar y me tome un café, pensando que no tendría tiempo para almorzar. Claramente hubiese tenido tiempo ya que el bus no salió hasta como 20 min después de lo estipulado. Nos montamos los 13 mochileros (todos con maletas enormes como la mía) en un minivan y comenzó el trayecto.

Por suerte mi amiga Kelly no solo me recomendó un buen libro (el que mencione previamente) sino también un podcast demasiado chistoso que se llama “Mi papá escribió una porno.” Básicamente, es un señor el cual, junto a sus dos amigos, lee la novela erótica que su padre decidió escribir. Cada semana es un capitulo nuevo y como se imaginaran es un desastre de novela y es para morirse de la risa con los comentarios y análisis que hacen de cada cosa. El único problema que tiene es que literalmente te ríes a carcajadas y pareces una loca, especialmente espichada en una mini van. Tampoco ayuda si tienes que hacer pipí y te toca aguantarte 1h30 para llegar…reir no ayudó. 

El mundo nos regalo un atardecer espectacular, desde el principio del camino se veía que iba a estar lindo pero llego un punto que todo el cielo era naranja con rosado, parecía un incendio en el horizonte, era mucho mas que solo “lindo,” era un atardecer hermoso. El fondo naranja se veia interrumpido por siluetas de palmas y templos, y por motos…muchas motos. 

En el bar en el que estuve me dijeron que por las elecciones de mañana iba a estar imposible entrar/salir de Phnom Penh. Se referían sobre todo a mañana pero decían que hoy también iba a estar mal así que iba muy mentalizada a que el recorrido de 3h probablemente sería 5h. Por suerte se equivocaron y en tres horas estábamos entrando a Phnom Penh. Se imaginarán como me baje de la van, aguantandome las ganas de orinar casi 2h. Lo primero que hice, después de recoger mi maletón, fue pedir el baño…EL único baño en el local. Y claro, había alguien adentro…bañandose! Le pedí a unas de las chicas que viajaron conmigo que le echaran ojo a mi maleta y camine a un local cercano, un lugar un poco raro que tenia muchas sillas (vacías) mirando hacia la pared, todo pintado de rojo, y simplemente un ambiente un poco raro, no había ni bar ni “tarima” ni nada, me dijeron que tenia que comprar algo para usar el baño asiíque así de rápido como entre salí. Fui al local del otro lado, un café, y la señorita muy amablemente me dejo pasar. El baño estaba ocupado. Yo bailaba como hormiguita (no tengo idea como baila una hormiguita la verdad) tratando de aguantarme mientras ella le decía a la chica que estaba adentro que saliera. Unos segundos (que se sintieron como minutos) después salió y pude entrar, POR FIN!

Volví a mi maleta y le agradecí a las chicas. Decidimos compartir un tuktuk, mi hotel quedaba muy cerca a donde estábamos y el de ellas después por lo que me dejarían a mi y después a ellas…o esa era la idea. Digamos que el conductor, aunque muy buena gente, no le interesaba escuchar lo que tuviese que decir y ya en su cabeza tenia apuntado el otro hotel. Por lo tanto, no paso por mi hotel, y seguimos al de ellas. Había quedado con una amiga que conocí en el templo y que vive aqui íque nos viéramos a cenar así que en vez de regresar al hotel y después salir decidí seguir derecho. Considere bajarme del tuktuk y montarme a otro ya que este en verdad no escuchaba nada pero al final me quede. Y bueno, gracias a Dios existe Google Maps porque este señor no tenia idea donde me estaba llevando aunque el decía que con el numero de la calle llegaba (me dijo que habíamos llegado y estábamos todavía a unas 15-20 cuadras de distancia). Eventualmente logramos llegar al restaurante y le pague una suma demasiado cara para lo que fue (5$). 

Después de cenar (por fin!) nos quedamos hablando un buen rato hasta que ya el sueño y las ganas de llegar a un lugar y dejar mis cosas y BAÑARME ganaron. Así que, una negociada de tuktuk y 15 min después, ya estoy en el hostal, en la misma habitación donde dormí mi primera noche y esperando a mi compañera de viaje, MARIA JOSE! Es más, siendo las 11.17 p.m. (y revisando el scanner) ya aterrizó! Yupeee! 

Nota: quede con muchas ganas de quedarme en Kampot mas tiempo. Parece un pueblito re-tranquilo como para perderse montando bicicleta por el campo, remando por el río, viendo las luciérnagas y comiendo (pizza aparentemente porque había muchisimas pizzerias en la calle por algún motivo). 

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