Día 24, Phnom Penh – día 1

María José llegó un poco después de la medianoche después de tres vuelos, tres vomitadas (en 1 solo avión) y básicamente unas 24h bastante pesadas. Nos fuimos a dormir como a la 1:15 de la mañana. Sin embargo, logré despertarme a hacer yoga! No me gusta tanto sola como acompañada pero bueno, igual lo logré, unos 50min de sudada con buena vista y mucho sol.

Wat Ounalom

Nos alistamos para salir, desayunamos (con jugo de mango (yo) y jugo de maracuya (delicioso)), y salimos a pie a conocer los lugares mas cercanos. En el camino nos encontramos con un centro de votación frente al río y enfrente lo que parecía un edificio importante. Gracias al internet (ya que no podemos leer los letreros) supimos que era el templo budista mas importante de Camboya. Dimos una vuelta con ojos curiosos y una señora, al ver que intentábamos mirar hacia adentro de uno de los templos, saco sus llaves, nos sonrió y nos hizo pasar. Había cuadros y libros alrededor de todo el salón y en la mitad muchas estatuillas, hasta nos prendió las luces de colores decorativas que las acompañaban. Agradecimos la oportunidad de ver esa parte y salimos nuevamente. Había tres templos grandes, intentamos entrar a dos pero estaban cerrados hasta que pudimos ver que el tercero tenia las puertas abiertas. Entramos detrás de un grupo como de cinco personas. Después de que ellos entraran al altar principal e hicieran su respectivos “rezos” o como quieran decirle, decidí sentarme a meditar un poco. Tan solo unos minutos de enfocarme en mi respiración y centrarme y sentir plenamente donde estaba. Al pararme vi que el grupo había puesto un poco de dinero sobre una mesita y el monje se había acercado a la sillita. Maria Jose y yo miramos curiosas desde unos metros y una de las chicas nos hizo señas de que nos sentáramos con ellos. Básicamente, nos invito a una bendición budista y para nosotros fue demasiado especial que nos invitaran a ser parte de ese momento. ¿Que mejor manera de comenzar esta etapa de mi viaje con Maria José?

Museo Nacional

Al salir seguimos caminando hacia el palacio real pero estaría cerrado por las elecciones por lo que seguimos hacia el Museo Nacional. Sabíamos que estábamos cerca pues la arquitectura  de los lugares importantes aquí resalta a un par de cuadras. El Museo Nacional tiene piezas de muchísima antiguedad pero lo más hermoso (para mi) es el edificio. Sus techos rojos triangulares hacían un hermoso contraste con el cielo azul y (mi preferido) un elefante de acero se asoma por entre los arbustos en la entrada. Pedimos un audioguide para compartir (yo soy fan de los audioguides en los museos, hacen que uno aprecie muchísimo mas lo que esta viendo) pero la verdad no lo usamos casi. No me tomen a mal, me gustan los museos pero uno se aburre bastante rapido cuando todo se parece y no conoces mucho tampoco de la historia…además la voz del audio guide era insoportable y larguisisima.

Salimos como a las 11.30 a vernos con mi amigo Janik (amigo de Nadine, quien estuvo en Ream y Koh Ron Samloem) que salía esa tarde hacia las Filipinas. El café donde nos queríamos reunir “Daughters of Cambodia” estaba cerrado así que nos vimos en otro lugar y caminamos buscando un lugar donde comer. En la búsqueda decidimos pasar por un mercado…no puedo descibir la cantidad de olores que presenciamos. Intenté tomar un par de fotos mientras caminaba pero la verdad me enfocaba en no respirar. Intenté respirar por la boca un poco para poder seguir pero era tan esptanoso el olor que no podía. Ojo, yo no soy asquienta fácilmente y sobre todo intento ser muy respetuosa pero el olor que había era demasiado. Además, había llovido un poco antes por lo tanto el piso estaba super mojado y era una mezcla de basura y agua sucia. Pedazos de carne, pollos, pescados, frutas, colgaban por todas partes y en la mitad del camino (entre ambos lados) era donde tiraban toda la basura…si, por donde uno camina..por ahí. Era verdaderamente asqueroso. Salímios del otro lado y pudimos respirar. Janik entonces dice “ahh aquí fue donde comí el día que estuve” y nos sentamos, básicamente en una fonda dentro del mismo mercado oloroso por el que acabábamos de pasar. Por suerte yo no tenía hambre así que solo pedí un té frío, Maria Jose pidió brocoli con carne y Janik una omelette y otros dos platos. Como se les ocurrió pedir comida, especialmente carne(s) después de pasar por donde pasaron es algo que no entiendo todavía. Solo puedo decir que después de esos metros cruzados mi decisión de no comer animal se vio muy reforzada. 

Prisión S-21

Después de la experiencia del mercado nos despedimos de Janik, quizá en algún momento nos encontremos en algún rincón del mundo, o quizá no? Creo que es lo rico de las amistades viajeras, se disfrutan y se aprecian pero no hay expectativas de nada, y siempre traen buenos recuerdos. Maria Jo y yo seguimos hacia la prisión S-21. Antes de venir decidí buscar literatura sobra Cambodia para entender mas el país y me leí un libro que se llama “First they killed my father” (esta mañana Maria Jo se compró una copia también) así que ya medio que sabia lo que pasó a finales de los 70. Sin embargo, ir a esa prisión y conocer mas a detalle lo que vivieron millones de personas fue un gran abrir de ojos y una apreciación aun mayor por este país. 

La prisión S-21 era originalmente una colegio (bachillerato/high school). En abril de 1975 las fuerzas del Khmer Rouge llegaron a Phnom Penh y derrocaron al gobierno. Ese día que marcharon a la ciudad dieron instrucciones que todo ciudadano debía salir de la ciudad, de todas las ciudades para ser exacta. No importaba si estuviesen enfermos, embarazadas, si en ese momento por ejemplo un niño no estaba con su familia, todos debían irse de la ciudad y así, en unos días todas las ciudades quedaron vacías de sus ciudadanos. La gente tuvo que caminar por días hacia el campo donde les asignarían donde tendrían que trabajar, sin posesión alguna. Es decir, no podrían siquiera coger un mango de un árbol pues se consideraría un robo a la comunidad. A todo esto, si eras educado (esto incluye tener gafas), extranjero, profesional de algún tipo (doctor, abogado, etc), te mataban. Además, mataban a toda la familia de los acusados/culpables de cualquier delito, de esta manera no quedaría nadie para vengarse más adelante del Angkor (la organización). A esta prisión entraron 12,000 personas. Sobrevivieron 12. Aproximadamente 8,000 fueron llevadas al “Killing field” mas cercano dónde sufrieron una muerte espantosa después de días, semanas o meses de tortura inimaginable en la prisión. Todas las personas que entraron fueron fotografiadas y tenían su expediente. No debían morir en la prisión y si a un torturador/guardia se le moría en interrogación el mismo podría quedar como prisionero. 

 

Después de salir de la prisión, con el corazón achicopalado, nos fuimos al hostal a cenar y descansar. 

 

 

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